Ella,
la política,
él,
la empresa,
el dinero
la mantequilla,
y untando
y untando
nos van dando,
nos van violando.
En ella,
nadie
dice no,
nadie chilla
ni nadie
clava las uñas
en las espaldas
del violador,
del untador,
se callan
y tragan.
Estamos
como en Perpignan,
detenidos
al pie de la nevera,
esperando la escena
de sexo
de nuestra vida,
y nos quedaremos
igual que cuando
la vimos
por primera
y única vez,
pensando que
despilfarro
de tan graso elemento,
la podría usar
ella,
para lubricarle
a él,
y tocarle
la próstata,
delicadamente,
no hace falta
que sea en París.
Lo juro.
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